Venezuela sin agua, otro viacrucis en plena pandemia

Venezuela sin agua, otro viacrucis en plena pandemia

La pandemia no es lo único que aqueja a los venezolanos. La crisis de servicios públicos mantiene al país seco, oscuro y sin gasolina

Venezuela sin agua en medio de la proliferación del coronavirus. “El trabajo mío es este, cargar agua”, dijo Alexander Quintero a EFE mientras llena un envase en un riachuelo a los pies de un barrio caraqueño.

Como él, millones de venezolanos tienen sus tuberías secas desde hace mucho tiempo. Tanto así que no recuerdan cuándo fue la última vez que se ducharon sin la compañía del repudiado “tobito”.

La escasez de agua se ha convertido en una nueva normalidad en el país norteamericano. Incluso, Nicolás Maduro valoró como un “logro” la adquisición de 252 camiones cisternas para suministrar el vital líquido a la mitad de la población de forma puntual. Esto, a la espera de una solución permanente al problema.

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Ante la falta de resoluciones concretas por parte del madurismo, la opción viable parece seguir siendo la compra de 1.000 cisternas más durante los siguientes meses. Este seguiría siendo un plan B para intentar mermar la crisis.

Resulta imperativo destacar que el agua, ahora más que nunca, es necesaria para prever los contagios de coronavirus.  En el caso de Venezuela, no es solo la pandemia la primera de sus preocupaciones. Ahora, es la crisis de los servicios públicos que se intensifica y la escasez de gasolina en el territorio.

Venezuela sin agua, un cuento sin fin

En medio de la precariedad de este servicio público, han surgidos protestas ciudadanas en todo el territorio nacional, pese al confinamiento impuesto desde Miraflores. 

“Mi día a día, ¿sabes a qué me dedico? A cargar agua todos los días, a salir de mi casa todos los días a lidiar con el agua, la comida, la carencia que estamos viviendo”, confesó a Yeny Acosta, en medio de una protesta en el este de Caracas.

Acosta detalló que lleva, al menos, 45 días sin agua por tuberías cuando decidió salir a protestar. Molesta, aseguró que este problema es una burla y humillación por parte del oficialismo. Señaló esta tragedia a un plan de “control social”.

“Queremos agua” gritaban los manifestaban, golpeando bidones vacíos y reclamando la violación de sus derechos humanos; sobre todo en medio de la pandemia por la COVID-19, que requiera de un constante lavado de manos para combatirla.

“Van a ser más los muertos por sarna, por hambre que por coronavirus”, lamentó Acosta junto a sus compañeros de protesta. El grupo también repudiaba el uso gubernamental de las cisternas o tener que costear estos servicios a 100 dólares, lo que se traduce en 30 salarios mínimos.

¿La nueva normalidad empieza a asentarse?

Luego están los resignados, que rechazan las condiciones escuetas en las que se desenvuelve Venezuela, pero la molestia no sale de sus casas.

Alexander, venezolano que habita en Petare, aseguró que el fallo en el servicio energético y de gas doméstico afecta, pero nada “afecta tanto” como la sequía.

En lo que va de año, nunca ha fluido el agua por las tuberías de su casa. Por tal motivo, se dedica a cargar todos los bidones que pueda diariamente para que su familia, que incluye a una abuela de 78 años, pueda “medio asearse”.

Lo poco que consigue “no sirve para comer”. Así lo considera Sara Berroeta, otra de las visitantes del riachuelo que se queja, además, porque las cisternas que Maduro envía a su barrio no llegan hasta las zonas alpinas.

“Hay gente que sí le da picazón. Le da sarna a los niños”, aseveró la mujer, cansada “de tanto buscar agua”.

"A la buena de Dios"

Ni Alexander ni Sara trancan las calles venezolanas como fórmula de protesta. Tampoco reclaman el servicio, porque nunca lo tuvieron. Ellos simplemente van al río “a la buena de Dios”.

Del lamento y la rabia a las soluciones

El cuadrilátero venezolano está constituido por los indignados, los resignados y los ingeniosos. Estos últimos son aquellos que del lamento y la rabia pasaron a las soluciones.

Sin permiso alguno y aprovechándose de sus ruinas, una comunidad caraqueña tomó las tuberías abandonadas en un túnel que el Gobierno dejó sin terminar hace años. Allí, consiguió un manantial que logró que el agua llegara a sus lavamanos, duchas y pocetas.

Geisa Fernández, contadora de 25 años, expresó que el éxito de la iniciativa ha sido tal que personas de las barriadas adyacentes han querido entorpecerlo, generando daños en el sistema que los mismos vecinos armaron en 2018.

Sin embargo, ninguno de ellos se intimidaron y, en vista de los sabotajes, decidieron reforzar la seguridad de las tuberías; aunque para eso tuvieran que embarrarse de lodo y adentrarse en la oscuridad del túnel para confirmar que el agua que toman es la más cristalina del lugar.

Victoria De Sousa
Periodista
Públicado: miércoles, 03/06/2020 - 05:46 PM
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