Una pena capital me une a Bolívar

Una pena capital me une a Bolívar

EL autor reivindica el papel de la radio como medio de información

Cada medio tiene su virtud pero la radio es esencial a los fines de estar bien informado. Eso si… hay que escuchar emisoras de varias fuentes… digamos que para equilibrar no vaya a ser que el escucha termine con el cerebro intoxicado… si tan solo sintoniza las radios del gobierno… o las alineadas con la oposición.

Con esto quiero significar que estando la televisión entre censurada y autocensurada… siempre aburrida y llena de invitados piratas… que gritan y manotean… y con moderadores prestos al aplauso de cualquier bobería por absurda que sea… con las redes llenas de mentiras y fantasías… la internet precaria y los diarios desaparecidos… el espacio más libre sigue siendo y con mucho la radio… aun venida a menos como lo está e incluso llena de dinosaurios aplaudidores.

Sin embargo no todo es negativo… en nuestra radio subsisten excelentes programas: Uno de ellos y la mayor prueba de su calidad y del apego que le tienen los escuchas a “NUESTRO INSOLITO UNIVERSO” es un hecho constatable.

El micro con más de medio siglo en el aire y màs de 7000 programas es el único que en nuestra Venezuela se puede dar un lujo impensable: ¡Se transmite en la radio oficial del país… pero también en la emisora que se ha ganado el nombre de “escuálida” por su manera manipuladora de tratar la noticia y los personajes que invita –o más bien los que veta- a cada rato.

 

Propaganda

Bien… la idea no es hacerle propaganda a quienes no lo necesitan como esa maravillosa dupla de Rafael Silva… ya fallecido investigador acucioso, hombre de cultura renacentística… y Porfirio Torres… quien con su voz… la más reconocida del país… le da vida a los episodios: Sucede que hace poco escuché un programa de la serie donde narraban el fusilamiento en Caracas… allá por el año de 1827…  de un joven hidalgo… patriota, enamorado y asesino… que una noche acuchilló a sangre fría a un amigo… luego de hacerse invitar a pasar la noche en casa de quien había planeado matar… todo por amor a una mujer que le hacía caso a la víctima.

Nada extraño porque la literatura mundial está llena de asesinatos por amor y tampoco que en lo que hoy es la Plaza Bolívar hayan fusilado un joven en tiempos en que los derechos humanos no se habían desplegado en el mundo occidental y la pena de muerte era moneda común.

Lo insólito y que nos puede servir de reflexión fue el proceso de apelación donde casi toda la sociedad caraqueña de la época pidió clemencia aduciendo la minoría de edad del asesino –para la época se era mayor de edad a los 25-… un tal Juan Valdez… a quien no solo su madre lo que era de esperar… sino la Junta de Apelaciones… donde dos históricos apellidos pidieron clemencia.

Esta Junta estaba formada por José España y Diego Bautista Urbaneja quienes recomendaron el perdón… y elevaron la petición de clemencia al Libertador que estaba en Caracas por última vez como Presidente de Colombia “La Grande”.

 

Celestina unanimidad

La celestina unanimidad pidiendo clemencia para el asesino incluyó todos los gremios e incluso las monjas de la Concepción, actuando como el jugador de póker que eleva una apuesta sin tener con qué honrarla… anexaron a su petición un añadido donde juraban estar dispuestas a entregar en oro a la empobrecida república… el peso de Juan Valdez.

Bolívar no quiso recibir personalmente las peticiones y dejó que de eso se encargara su secretario Revenga. Tampoco cayó en la trampa que le tendió la establecida desde la Colonia oligarquía caraqueña que sabiendo la debilidad del Libertador por las damas… enviaron una bella viuda… toda vestida de negro ella… que visitó al Libertador al atardecer en la hacienda Bello Monte… pidiendo como el resto del coro… perdón para el condenado.

 

 

Bolívar niega petición

Bolívar negó la petición pero en el documento de rechazo reconoció que la materia era “delicada” y que en efecto el perdonar vidas a condenados por un tribunal era el “mayor adorno que la Constitución le entregaba a quien dirigiera los destinos de la patria”… igualmente admitió el Libertador los servicios que la familia de Valdez le había prestado a la causa independentista… pero a continuación razonó en contra de la clemencia.

La gran consideración de Bolívar para negarse a perdonar la vida de Juan Valdez era que las cárceles estaban llenas de asesinos y delincuentes que habían sido perdonados… quienes a la postre volvían a delinquir… y que mantener en paz las calles era el primer deber del Presidente.

Esa misma noche Valdez siendo cristiano fue pasado “a Capilla” y a la mañana siguiente 31 de marzo de 1827 fue fusilado.

En esto me siento muy bolivariano… y como aquí no hay pena de muerte y la más popular violación de las leyes es hacer caso omiso a los semáforos… me pregunto: ¿Será que se puede condenar a diez correazos por el trasero a quien “se coma” las luces… sea hombre o mujer… automovilista o motero… ambulancia o patrulla… peatón o ciclista?

 

Domingo Rangel
Periodista
Públicado: domingo, 13/09/2020 - 06:05 AM

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