Ucrania entregó un arsenal nuclear gigante hace 30 años, hoy hay lamentos

La nación a cambio del desarme nuclear exigió garantías de seguridad férreas

Al final de la Guerra Fría, la tercera potencia nuclear más grande del mundo era Ucrania. El colapso soviético, una caída en cámara lenta que culminó en diciembre de 1991, resultó en que la recién independizada Ucrania heredara aproximadamente 5.000 armas nucleares que Moscú había estacionado en su territorio.

Los silos subterráneos en sus bases militares contenían misiles de largo alcance que transportaban hasta 10 ojivas termonucleares, cada una mucho más fuerte que la bomba que arrasó Hiroshima. Solo Rusia y Estados Unidos tenían más armas.

La eliminación de este arsenal a menudo es aclamada como un triunfo del control de armas. Diplomáticos y activistas por la paz presentan a Ucrania como un ciudadano modelo en un mundo de aspirantes a potencias nucleares.

Pero la historia muestra que la desnuclearizaciones fue una agitación caótica que sacudió las luchas internas, los reveses y la discordia entre el gobierno y el ejército del país. En ese momento, tanto los expertos ucranianos como los estadounidenses cuestionaron la sabiduría del desarme atómico. Las armas letales, argumentaron algunos, eran los únicos medios confiables para disuadir la agresión rusa.

“Regalamos la capacidad por nada”, dijo Andriy Zahorodniuk, exministro de Defensa de Ucrania. Refiriéndoselo a las garantías de seguridad que obtuvo la nación a cambio de sus armas nucleares, agregó: “Ahora, cada vez que alguien nos ofrece firmar una tira de papel, la respuesta es, ‘muchas gracias. Ya tuvimos uno de esos hace algún tiempo”.

Al principio, Ucrania se apresuró a sacar las armas soviéticas de su suelo. Las bombas, los proyectiles de artillería, las minas terrestres y las ojivas relativamente pequeñas colocadas encima de los misiles de corto alcance eran los más fáciles de reubicar y los que tenían más probabilidades de caer en manos hostiles. Más difíciles de mover eran los misiles de largo alcance, que podían pesar 100 toneladas y alcanzar una altura de casi 90 pies.

En enero de 1992, un mes después de que la Unión Soviética dejara de existir, el presidente y ministro de defensa de Ucrania ordenó a los comandantes militares y a sus hombres que juraran lealtad al nuevo país, una medida que ejercería control administrativo sobre las armas restantes.

Sin embargo, muchos se negaron y los soldados que dirigían las fuerzas nucleares de Ucrania cayeron en un periodo de desconcierto tenso sobre el destino arsenal y su estado operativo.

En idas y vueltas para “mantener la paz”. Ucrania a cambio del desarme nuclear exigió garantías de seguridad férreas. Ese fue el corazón del acuerdo firmado en Moscú a principios de 1994 por Rusia, Ucrania y Estados Unidos.

A fines de 1994, las promesas se concretaron. El acuerdo, conocido como el Memorándum de Budapest, firmado por Rusia, Ucrania, Gran Bretaña y Ee.UU, prometió que ninguna de las naciones usaría la fuerza o amenazaría contra Ucrania y que todos respetarían su soberanía.

The New York Times

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